La garcilla bueyera (Ardea ibis) es un ardeido de pequeño tamaño, caracterizada por un plumaje blanco con tonos pardos anaranjados en la época de cría, pico amarillo y patas de un tono anaranjado. Esta garza poco conocida y de aspecto común es la protagonista de la mayor y más rápida colonización alrededor del mundo de cualquier ave conocida. ¿Cómo es esto posible?
Originaria del África tropical y subtropical, a finales del siglo XIX y principios del XX esta especie, de manera natural y por sus propios medios, cruzó el océano atlántico para establecerse en el continente americano. Arribando primero en Sudamérica, empleo esta como trampolín por el que desperdigarse por el resto del continente, llegando a Norteamérica en tan solo unas pocas décadas y estableciéndose allí. A principios del XX comenzó su expansión por India y el sudeste asiático, estableciéndose en países tan lejanos como Japón en la década de los 60. Lo propio ocurrió en Europa a mediados del siglo pasado, instalándose en países como España, Francia e Italia por los años 50, al mismo tiempo que lo hacía por Australia e islas de Oceanía.
Aunque ligada a masas de agua, se considera la menos acuática de las garzas, sumado a una dieta absolutamente generalista, una capacidad dispersiva considerable y poca fidelidad a los sitios de reproducción, es una especie perfectamente adaptada para la colonización de nuevos territorios. Sin embargo, dicha expansión ocurrió en este preciso momento y probablemente por una razón concreta: nosotros.
La garcilla bueyera es una especie claramente antropófila. Como su nombre indica, acostumbran a alimentarse en campos con ganado, que tanto se fueron expandiendo a costa de otros hábitats en el último siglo. Se sienten igual de cómodas alimentándose a la vera de tractores como visitando vertederos a cielo abierto. En resumidas cuentas, aprovecha toda oportunidad que los seres humanos les brindan.
En España las poblaciones se centran en dos núcleos: uno occidental que cubre las comunidades de Andalucía, Extremadura, Castilla León y Madrid, y otra oriental abarcando el valle del Ebro, la costa mediterránea oriental y la costa cantábrica. Las poblaciones del núcleo occidental se encuentran en declive, probablemente por las fuertes sequías de los últimos años, mientras que las poblaciones orientales se encuentran en crecimiento, especialmente aquellas de la cordillera cantábrica.
Es importante destacar que, por definición, esta especie no se considera una especie exótica invasora en nuestro país, pues su expansión ocurrió por sus propios medios y no por una introducción humana, incluso aunque de manera indirecta las actuaciones antrópicas tuvieran una relevancia con ella.
Solo el tiempo dirá cuando terminará la expansión de esta especie, pero teniendo en cuenta el cambio climático y su naturaleza colonizadora el viaje de esta pequeña garza semeja lejos de acabar.